Como hemos visto en clase, la evaluación, aun pareciendo la menos complicada, es una de las tareas más difíciles a desarrollar por el profesor. Al trabajar diferentes tipos de examen (test, desarrollo y desarrollo-aplicación práctica), he podido comprobar la importancia del formato del mismo a la hora de evaluar el aprendizaje de los alumnos.
Por ejemplo, con el examen tipo test estamos evaluando simplemente conceptos más o menos generales sobre el tema pero, nunca podremos saber si el alumno ha comprendido correctamente los nuevos conocimientos y, mucho menos, si los ha relacionado de forma correcta con otros previos. El examen tipo test da pie a que la evaluación se pueda convertir en un juego de azar.
Con los exámenes de desarrollo estamos evaluando principalmente la memoria del alumno y puede haberse aprendido muy bien la lección pero que estos conocimientos se borren de su mente para siempre tras salir del examen, además, de no haber comprendido seguramente todo.
Por último, con el examen de desarrollo relacionado con una actividad anterior, es decir, relacionado con una aplicación práctica, habríamos dado un paso más hacia una buena evaluación, ya que estaríamos evaluando conocimientos (quizás memoria) pero también relación y comprensión con una tarea previa.
La educación de hoy día aboga por una evaluación por competencias, quizás yo también este de acuerdo en que este tipo de evaluación es el más adecuado, ya que con ella evaluamos los conocimientos y el aprendizaje desde el punto de vista de la práctica y de la utilidad en la vida real de esos conocimientos. No obstante, creo que la evaluación basada en las competencias adquiridas por el alumno es muy difícil y diría que, en muchos casos, utópica. Por un lado, este tipo de evaluación rompe con la concepción de evaluación clásica (examen final) que todos tenemos en la cabeza, lo que nos puede traer verdaderas complicaciones a la hora de ejercer nuestra profesión ya que nos podemos encontrar con rechazo tanto de alumnos, familias como de nuestros propios compañeros del centro. Y por otro lado, tenemos que tener en cuenta que, de esta forma, se complica el sistema de evaluación ya que no nos podemos guiar por una única nota final sino que, además, tenemos que hacer una evaluación continua con una serie de actividades muy diversas como tareas, presentaciones, actitudes, aptitudes, participación, puesta en escena de tareas, reflexiones, etc.
Pero no sólo es importante la forma de evaluación, sino también que ésta sea justa y auténtica, es decir, que responda la proceso de enseñanza-aprendizaje que se ha producido en cada alumno teniendo en cuenta sus problemas y su contexto. Para que una evaluación sea justa y auténtica no podemos fijarnos solamente en la calificación obtenida en un examen, tarea o exposición, sino que tenemos que tener en cuenta su evolución, su participación, su actitud, su contexto, sus problemas, desde qué punto partía y hasta dónde ha llegado...
En definitiva, que esto de la evaluación puede llegar a complicarse mucho...
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